17 de enero de 2008

De islas, elfos y la vena de la Patiño

Dicen que los habitantes de islas están bastante tocados de la cabeza. Hablo de islas en general. Por supuesto, este tipo de característica puede ir a más si uno mantiene un estricto régimen de drogas y alcohol.
El otro día pude comprobar que, efectivamente, el dicho tiene algo de cierto. Estaba viendo un reportaje en un canal de viajes (no voy de cultureta súper progre, hice zapping... yo estaba viendo cómo se le hinchaba la vena a la Patiño, que me mola mucho más) sobre Islandia y salía un hombre hablando sobre los elfos y lo influyentes que son en la cultura islandesa.
Pero no hablaba de los elfos-queer-as-folk de El Señor de los Anillos. No. Más bien se refería a unos elfos como los gnomos de David (el gnomo, of course), es decir, pequeñitos, que habitan en los jardines y que no organizan fiestas súper maricas como Elrond y sus colegas.
El caso es que el pollo en cuestión, que hablaba élfico y todo y ya peinaba canas, vamos, que ya tenía sus añitos para hacer ese tipo de gilipolleces por puro frikismo adolescente, repito, el caso es que el buen hombre iba a visitar a una experta en la materia.
La buena mujer, también con bastantes añitos encima, afirmaba que se comunicaba con los elfos de su jardín, que les veía y que les alimentaba. Y el otro, en vez de recomendar a la señora que frenara un poquito, que tener ese colocón a las 10 de la mañana un día de diario no podía ser muy sano, se arrodillaba junto a ella y pegaba la oreja a una seta artificial del tamaño de una caseta para perros que la buena señora tenía en el jardín, para intentar escuchar a los dichosos elfos.
Por supuesto, ellos decían que los oían.
Nos ha jodido. Cuando uno se ha bebido hasta el licor del polo y fumado medio Marruecos es capaz de ver a Elvis cuando regresa a casa.
Horrorizado, cambie el canal.
Prefiero contemplar la vena de la Patiño, que también es muy élfica (ella, no la vena), que una panda de frikis que dicen ver elfos en su jardín.
Al menos, viendo a la Patiño no se me quitan las ganas de ir a ningún país.
Me entran ganas de largarme de éste, lo que no sé si es mejor o peor.

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