8 de marzo de 2010

Clasificados

De las múltiples clasificaciones que el ser humano inventa para catalogarse a sí mismo, muy pocas significan otra cosa que una mierda.Rubios o morenos, altos o bajos, aficionados a la Play o a la X-Box, rojos o azules, de playa o de montaña, de campo o de ciudad, blancos o negros, de limón o de naranja, arriba o abajo, de cuello vuelto o de escote, antes o después, de silencios o de gritos, de prisa o de pausa, de libro o de película, por delante o por detrás, a mano o a máquina, listos o tontos, creyentes o ateos.
Hay una clasificación para cada momento y siempre hay quien tiene un momento para clasificar.

Tengo un compañero de trabajo que sólo se expresa con frases hechas.
Es el niño de los tópicos.
Él se define como un mero observador de la realidad aunque nunca se posicione.
Observa, calla y etiqueta cada comportamiento.
O eso dice él.
Yo le definiría como un quinceañero mental al que se le han indigestado un par de libros.

Y al definirle, le estaría clasificando.
Y las clasificaciones, como decíamos anteriormente, raras veces significan otra cosa que una mierda.
De hecho, podríamos hablar también de los que escriben teniendo algo que decir o de los que simplemente nos sentamos delante del ordenador creyéndonos muy interesantes aunque no tengamos una mierda que contar.
Touché.
Y clasificado, claro.

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