21 de septiembre de 2009

Portadas, periodismo y prostitución

La portada de un diario debe reflejar siempre el hecho o los hechos más destacados del día anterior. Se reserva la primera plana para el acontecimiento más importante, la cual se rodea de otras noticias, también destacadas pero menos que la principal.
El orden de importancia lo establecen las propias noticias por riguroso orden jerárquico. Es mucho más importante la elección de un nuevo presidente en Estados Unidos, por ejemplo, que en la corrala donde vive mi tío Rafa, por mucho que quiera yo a mi tío Rafa.
Esto, al menos, es lo que nos dice la teoría.
La realidad, como casi siempre, va por otros derroteros, mucho más siniestros y preocupantes.

Ayer, como casi todo el mundo sabe, España se proclamó campeona de Europa de Baloncesto.
En cualquier otro país, la portada de los periódicos deportivos, mucho más fácil de elegir que la de los periódicos generalistas, tendría un dueño claro.
Pero, ay, amigo, en este santo y bendito país de pandereta y bananas, la medalla histórica que lograron Gasol y compañía tuvo la mala suerte de coincidir en el tiempo con la celebración de la tercera jornada de Liga de fútbol y con un trascendental, épico, bíblico, faraónico y acojonantemente intrascendente, Real Madrid-Xerez.
La portada del As, como no podía ser de otra manera, es para el partido del Madrid.

El As, hace unos años, presumía de ser un periódico serio, su director presumía de ser un tipo independiente y sus redactores jefes presumían de trabajar en un lugar en el que la libertad campaba a sus anchas, como siempre ha sucedido en las redacciones de los periódicos (inserte aquí su carcajada).
Los plumillas de a pie callaban, escupían y maldecían por lo bajo y encendían un ducados pensando en la hipoteca que tenían que pagar y que, oye, qué cojones, después de tantos años de puta, no nos vamos a poner remilgados por la longitud de una falda, ¿no?

El As, a día de hoy, es la R de rastrero que define al peRiodismo, es la S de servil que identifica al periodiSta y, sobre todo, es la P de prostitución, que equivale al Periodismo.
No es el único, desafortunadamente, todo lo contrario, es sólo uno más.
Uno más entre todos los diarios del mundo que han logrado que esta profesión, antaño reivindicativa y guerrera, al menos en un mínimo y honroso porcentaje, se convierta en la más desprestigiada y vendida de todas las que existen.
Incluyendo a las más antiguas.

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